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Simple. O no tanto.

Al Universo no le importa nuestros anhelos y no va a hacer nada para cumplirlos. El pensamiento mágico de Si lo piensas, lo atraes es demasiado reduccionista y en momentos de frustración es un arma de doble filo.


Como seres deseantes que somos -de cosas, cuestiones, situaciones, etc ¡Seamos libres! Deseemos y gestionemos. Pero si en lugar de estar verdaderamente abiertos a lo que acontece luego, consideramos que el allá afuera debe saciar nuestros deseórdenes (no, no dije desórdenes aunque quizás también aplica), damos paso a la desilusión y al horror de lo que no sucedió como lo inventamos en nuestro metaverso en condiciones ideales y -en especial- unilaterales.


Y resulta que el Universo cobra entidad en el encuentro con el otro, lo cual contradice toda realidad mental, ¡Qué injusticia!


Fuimos nacidos y críados para ser fácilmente turbados. Por lo tanto los dogmáticos debo ser/tener generan Nolosoportitis (con suerte, no crónica) y se transforman en creencias irracionales, pero que a nuestros ojos consideramos bien lógicas. Y eso es peligrosísimo, puesto que son las varas con las que medimos el nivel de aceite de nuestros éxitos.


Somos adultos y ciertamente podemos convivir con nuestras grandes expectativas y demandas infantiles aunque debemos hacerles un psiservice cada tanto para que las pastillas de la grandilocuencia frenen en tiempo y forma.



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