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Tapadh leat (o grazie)

Aquí en Edimburgo, mientras tomo el valor para manejar del otro lado - y además recupero mi tobillo -, me desplazo en colectivos, los cuales aunque lentos porque tienen una parada por cada cuadra, son confiables y puntuales. En ese mundillo, hay una regla implícita, y es que cuando llega el momento de bajar, 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 los pasajeros agradecen al conductor. 𝐿𝑜𝑛𝑔 𝑙𝑖𝑣𝑒 𝑡𝘩𝑒 𝑆𝑐𝑜𝑡𝑠!

Dar gracias sinceramente por algo, mejora nuestro ritmo cardiaco, entre otros factores. Cuando mostramos agradecimiento, nuestro corazón muestra menos 𝑎𝑟𝑟𝑖𝑡𝑚𝑖𝑎.


El acto de dar gracias puede transformar la neuroplastía del cerebro, la manera de relacionarse con los demás, reaccionar a los eventos que nos ocurren e impactar marcadamente el estado de ánimo.

Incluir la gratitud en nuestra forma de vida ayuda a cambiar la forma en que percibimos las cosas.

Los buses más nuevos tienen una salida en el centro del vehículo, como los nuestros, y aún así la gente no teme levantar un poquito la voz y asegurarse que quien los ha traído a destino pueda escuchar desde su cabinita un 𝑡𝘩𝑎𝑛𝑘 𝑦𝑜𝑢, 𝑑𝑟𝑖𝑣𝑒𝑟. Me ha pasado de bajar pensando en otras cosas y olvidar hacer el ritual. Pero la pucha que no me acostumbro, che!




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