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Estudié pero no me acuerdo

Febrero, época de exámenes. El prejuicio invita a descreer de quien dice esa frase. La respuesta docente inmediata contraataca: 𝑄𝑢é𝑑𝑒𝑠𝑒 𝑡𝑟𝑎𝑛𝑞𝑢𝑖𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑠𝑖 𝑒𝑠𝑡𝑢𝑑𝑖ó, 𝑠𝑒 𝑣𝑎 𝑎𝑐𝑜𝑟𝑑𝑎𝑟.

A veces no, profe.


El estrés, la duda de si se podrá recorder, el cuore latiendo a mil y las ganas de salir corriendo del salón no indican falta de preparación. Eso es ansiedad de evaluación.


En Alemania un estudio probó que ese rasgo efectivamente interfiere a la hora de recordar el conocimiento necesario (y estudiado) para el desempeño en un examen (Theobald 2022). Aún más, entorpece el proceso de adquisición y procesamiento de la info bastante antes del día clave. Inclusive meses.


El estudio arrojó que a más ansiedad, menor el aumento del conocimiento a través del tiempo – el frustrante 𝑛𝑜 𝑚𝑒 𝑒𝑛𝑡𝑟𝑎 de quien repite una y otra vez frente al texto. Y la propia percepción de los baches de lo que aún ‘falta’ saber dispara más ansiedad. Por ejemplo, hacer una práctica en la que se cometan varios errores determinará que a la mañana siguiente estemos más nerviosos por el examen que en días anteriores y posteriores.


Al punto: incorporar técnicas de estudio y relajación durante la preparación 𝘩𝑎𝑠𝑡𝑎 el día 𝑬 y no únicamente el día anterior, porque sino no alcanza. Y a los adultos que acompañen a sus adolescentes, jóvenes y adultos en ese camino, poder comprender que la cabeza tiene su intríngulis y no es solo falta de voluntad.




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